EL QUE NO TIENE PASADO, NO TIENE FUTURO

TIEMPO

͞Dichoso aquél que recuerda con agrado a sus antepasados, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila.͟ Johann Wolfgang von Goethe

 
Llevábamos sin vernos unos seis años, nos encontramos en un centro comercial pero, en aquel entonces, tampoco nos dio tiempo a compartir demasiado, solo abrazos afectuosos y los saludos de rigor. Hoy nos hemos reunido en mi casa. Comimos juntas mientras recordábamos nuestros juegos infantiles, retazos de la niñez. Ella fue mi cómplice, mi amiga.
Durante unos 17 años no supimos la una de la otra. Ella se casó con un americano y se marchó a vivir a Salt Lake City en el estado de Utah. Yo también me casé pero permanecí en mi tierra. En el presente ambas divorciadas, comparamos nuestras trayectorias que han ido muy parejas, con mucho en común. Pero lo importante es que la distancia nunca borró la huella de nuestros recuerdos.
Hoy intentamos rescatar entre ambas la historia familiar y siento un hormigueo insólito al traer al presente el testimonio de los que nos precedieron. Su abuela y la mía eran hermanas pero yo sólo conocí a la suya. La recuerdo como una mujer cordial y de ojos tristes; siempre con su moño de cabello cano impoluto y vestida de negro. A la caída de la tarde se sentaba en una silla de pita muy baja, en el patio o a la puerta de la casa limitada por poyetes. Merendaba un trozo de pan untado con tomate, siempre aquella merienda- cena humilde de hortelanos, lo que fueron su cónyuge y ella. Su voz átona y serena
Grabado en mi memoria está aquel patio con árboles frutales, una parra para dar sombra y muchos tiestos. Las macetas más abundantes eran las calas, esas trompetas blancas con un espádice en el centro amarillo que desprendían un aroma tibio y sugerente. Y entre los tiestos grandes cajones de jabón casero, unos recién hechos otros cuajados para cortar. En el extremo más alejado del patio un gallinero donde el que más se pavoneaba era el gallo de llamativos colores y con el que teníamos que tener cuidado por su hostilidad. En aquel entorno aprendí a
jugar a la rayuela, al escondite, a mancharme haciendo cacharros de barro o a saltar a la comba. Y ella, mi prima Estrella, fue mi camarada y confidente.
Hoy Estrella me ha pedido que busque datos sobre los abuelos y bisabuelos, que pregunte a mi madre. Creo que podremos recuperar historias y datos de aquellos que nos precedieron para hacer un árbol genealógico, porque al fin y al cabo, que sería de nosotros sin ellos. Parte de su vida está en nuestros genes; parte de sus tradiciones están en nuestra memoria.

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OSSIÁN (continuación de LOS BOSQUES DE HERMITAGE DE DUNKELD)

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“Mis ejércitos serán los árboles y animales de los bosques y las aves del cielo” Carlomagno

Daracha se quedó dormida en pocos minutos. Ossián frente a ella, pero a un par de metros junto al fuego, la contemplaba. Su respiración sigilosa y el semblante apacible y melancólico que enmarcaba aquel rostro ovalado y de piel blanca, le recordó a Lorna, su madre ¡Cuánto la echaba de menos! La única mujer que le había hecho sentir importante y sublime.

Lorna en las largas noches de invierno, en el carromato, le acercaba un cuenco de leche caliente con avena y miel, lo reconfortante que era su aroma, y entre sorbo y sorbo sus historias, su don narrativo para abrigarle. Como le sonreía y acariciaba su mentón. A veces sentía su presencia, sobre todo en instantes de peligro. Si algo malo acechaba solía sentir un suave roce en la barbilla. Al principio pensaba que era tan solo el viento, pero con el tiempo descubrió que esa sensación le alertaba y llegó a pensar que era la protección de su madre.

Cuando por la mañana siguió a Daracha por el bosque, sus respingos, las miradas nerviosas hacia todos lados y el cambiar de rumbo de continuo lo supo. Y cuando la observó llorar sobre el tronco labrado se le rompió el corazón. Por eso pensó que la mejor forma de acercarse a ella era mostrando sumisión y, por supuesto, le dio resultado. Aquella joven indefensa era la criatura más dulce que jamás había visto, sintió cuando sus ojos se clavaron en los de él una punzada en el pecho, como si una estela invisible se hubiera clavado y les hubiera unido.

Tenía la sensación de que en algún momento del pasado había coincidido con Daracha. Esa opción era imposible pues llevaba años viviendo en el bosque. A penas era un adolescente cuando junto a los límites del bosque de Hermitage fueron atacados por ladrones. Su madre alarmada le despertó y le hizo abandonar el carromato por una trampilla del suelo oculta bajo las mantas. Le obligó a que saliera y se refugiara en el bosque. Rozó como siempre su mentón y le ordenó que huyera y no mirara para atrás. Fuera se escuchaban los golpes de los bastones entrecruzándose. Ian, su tío, no dejaría de luchar para defenderlos.

Oculto se giró y vio como el carromato ardía. No se oían voces ni ruidos, solo el crepitar del fuego y su resplandor. Cuando casi amanecía volvió a acercarse con cautela a los rescoldos del carromato. Vio los cuerpos de su madre y su tío inertes en el suelo. Con una estaca y sus manos cavó unos hoyos y enterró a su familia.

Sus pertenencias estaban esparcidas por todos lados. En un deslustrado saco recogió las viejas cartas de adivinación de Lorna, a las que habían diseminado buscando algo de valor. Ignoraban que el valor lo tenían las propias cartas que según su madre procedían de una antigua civilización llamada Egipto y pertenecían a sus antepasados, una sacerdotisa llamada Meretites y su esposo, un cantante llamado Kahai. Siempre llevaría en su memoria las leyendas sobre sus antepasados que narraba Lorna, de la sabiduría de las hierbas para hacer pócimas trasmitidas de palabra desde aquella sacerdotisa hasta su madre ¿Serían verdad aquellos cuentos?

También cogió a las dos marionetas con las que deleitaba Lorna a los niños por cada aldea que pasaba. Y alguno de los libros de hierbas que se habían librado del fuego. También encontró uno de los dibujos de su tío Ian con el carromato y el rostro de su madre. Algunos enseres como un cuenco y dos cucharas, la caja de madera donde guardaban el dinero, una manta y un chal de su madre.

Su desolación fue tal que ni las lágrimas brotaban de sus ojos. Vagó varías jornada, como Daracha, errante y con miedo. La tercera noche arropado con las hojarascas durmió hasta que la pesadilla de los cuerpos de su madre y su tío le despertaron con lágrimas. Fue la primera vez que lloró y así por mucho tiempo, solo lograba verter su amargura en sueños.

Tras algunas noches más despertó de su pesadilla y junto a él, descansaba un anciano y su lobo, de los que no se separaría hasta la muerte del abuelo. Angus, que así se llamaba el anciano, le preparó para cuando su cuerpo abandonara el bosque. Sus ordenes fueron precisas, haría un hoyo y en él quemaría su cuerpo. Le entregó un saco con una semilla y le dijo que en sus cenizas enterrara aquella semilla y la regara hasta que brotara un pequeño árbol sagrado. El tejo era el árbol de la vida y la muerte, no debía jamás comer de sus ramas, hojas ni frutos pues moriría. La fuerza de la naturaleza vivía en dicho árbol, también el espíritu de Angus, sus conocimientos y secretos. Si algún día se le planteaba algún problema, bajo el cobijo de las ramas de aquel tejo sagrado encontraría las respuestas.

Angus pasó a ser su mentor, su maestro, terminó de aprender a leer y escribir. Le llevó a un edificio junto a una cascada, Ossián nunca había habitado en una casa, aquella construcción emblemática comenzó a ser su hogar. Angus le enseñó todo lo que debía saber del bosque, la conducta ante el prójimo y la naturaleza, la lealtad, el honor, la valentía. También fue un duro golpe perderle. Los años juntos habían pasado apacibles, aunque no carentes de dificultades al vivir alejados de las gentes de la comarca. Al calor del fuego pasaban las noches leyendo muchos de los libros que poseía de toda índole, pero a Ossián le gustaban mucho los de su madre y los de las diferentes especies vegetales y sus propiedades.

Angus fue uno de los creadores de alguna de las leyendas mágicas del bosque. Cuando en momentos inciertos se cruzaba con algún pequeño grupo de gente, organizaba su teatro. Se manchaba el rostro con jugo de zarzamoras, se dejaba ver haciendo aspavientos, gritando. Les contaba que un inmenso lobo mágico le perseguía tras arrebatar la vida de sus seres y que quería marcharse de aquel maldito bosque. Despavorido se alejaba y se escondía en uno de sus muchas guaridas donde le esperaban Lobo y Ossián. Aquellos instantes eran épicos, Ossián reía y entonces Angus hacía que Lobo aullara para concluir la pantomima. Aquellas gentes llenas de supersticiones se daban la vuelta y huían horrorizados. A través de los años habían ido creciendo los rumores de seres maléficos que habitaban el bosque lo que mantenía a raya a intrusos.

Angus, afable y ocurrente, en una primera impresión era de un ser hosco y de poca confianza, pura fachada. Su tío Ian era buena persona, pero nada dado a risas y emotividad. Angus siempre decía que casi nadie sabía gestionar emociones y expresarlas. Para muchos era motivo de debilidad y, según Angus, nada más lejos. Riendo siempre, expresaba que deberían de pasar siglos para que el hombre perdiera esa armadura a veces tan pesada.

Lo que más admiraba Ossián era la capacidad de amar de Angus al bosque y sus habitantes. Lo mismo le daba entablillar una rama rota que la pata de un pajarillo. Se alimentaba de frutos y hierbas. Una vez al año solían acercarse a Dunkeld a aprovisionarse de cereales a cambio de miel, frutas y hierbas para sanar.

Ossián recelaba de la gente por eso le gustaba el bosque; era parco en palabras, reflexivo, muy crítico. Pero con Daracha fue diferente. En ese instante, ella abrió los ojos y vio a Ossián observándola junto al fuego y medio adormilada pregunto ¿Estoy segura contigo?

 

 

El Principito de Antoine De Saint-Exupéry

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“Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones”

El principito, es una novela corta considerada como un libro infantil por la forma en la que está escrito pero en el que en realidad se tratan temas profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida. Fue publicada en 1943. A los mayores nos hace recordar la visión del mundo desde nuestra infancia y incluye críticas sociales hacia como ven con extrañeza algunas cosas los adultos.

Es obvio que el piloto es el personaje basado en el escritor. La Rosa está inspirada en su esposa Consuelo. Los Baobabs simbolizan al nazismo.  Conocerá al zorro, quien le revelará la importancia de la amistad y el valor del amor que siente hacia su flor. Será la nostalgia por ella, y la decepción que le causa el mundo de los adultos, lo que motivará al principito a regresar a su planeta. La impresión de la muerte del hermano de Antoine De Saint-Exupéryde 15 años por fiebre reumática se refleja al final del libro.

Este autor nacido en Lyon en 1900 es un escritor y aviador francés. Fue aficionado a la mecánica y a la aviación desde muy niño, lo que se refleja en sus libros. El Principito es un cuento poético con ilustraciones a acuarela por el mismo Saint-Exupéry.​ En él, un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufre una avería, allí  conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta.

Durante la segunda guerra mundial luchó como aviador en misiones de alto riesgo, y al caer Francia emigro a Nueva York. A partir de 1943 pedirá incorporarse a las fuerzas francesas en África del Norte. En el trascurso de una misión, el 31 de Julio de 1944 su avión desaparecerá en el mediterráneo.

El Principito es una buena historia, en el que yo destacaría tres cosas importantes. Primero habla de las cosas que se echan de menos, las que hemos tenido, o  que vemos todos los días y no las damos importancia. Esto se ve porque el relato empieza viajando de un planeta a otro, y según va transcurriendo la historia echa de menos su propio planeta, lo que posee y ama de él. Después hay una reflexión sobre como un niño ve lo importante del mundo y los mayores nos centramos en cosas que no son muy significativas en la vida. Y, por último, la gente que siempre tenemos ahí y queremos. Como el propio libro dice “hay que ver con el corazón porque no se puede ver con la vista”. Lo mostrará como algo que deja en su planeta y añora, y al final cuando vuelve a su planeta desde la Tierra, los amigos que deja en nuestro mundo, también los echará de menos.

Mi opinión sobre El Principito es que me uno a todas esas personas que lo recomiendan. Es un gran cuento para leer a los niños antes de irse a dormir, para que nuestros hijos se aficionen a la lectura. También para los adultos, es un cuento muy entretenido, nos abre la visión sobre lo que tenemos cerca y no nos damos cuenta, toda esa gente que nos importa y no lo percibimos. Nos anima a que nos dediquemos con esfuerzo, por muy mal que se nos dé, a lo que de verdad nos apasiona. El capítulo que a mí más me ha encantado es cuando el Principito llega a la tierra y se encuentra al zorro, lo domestica, y por ello el zorro se convierte en único, siempre se recordarán y serán amigos los dos.

Disfrutad de la lectura de El Principito, estupendo para pasar una tarde genial.

Podéis dejar vuestras opiniones para ir mejorando este blog de lectura y descubrir otros aspectos de dicha obra.

El Pan De Mi Hogar

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“La vida Silvestre no es un lujo sino una necesidad del espíritu humano, y es vital para nuestras vidas como el agua y el buen pan.”  Edward Abbey 

Si hace un año me hubieran preguntado cómo era mi alimentación hubiera contestado, sin conciencia, que era sana. Hoy puedo asegurar que no era saludable y comía en exceso. He aprendido a controlar la cantidad de energía que mi cuerpo necesita y sé que si me paso de las consabidas calorías, ese demasía se transformará en kilos y grasa.

Los carbohidratos se dividen en simples y complejos. Son azucares, macronutrientes necesarios para el organismo y para tener una dieta equilibrada. Además, desempeña un papel vital en la digestión, la asimilación –metabolismo– y la oxidación de proteínas y grasas. Actúan como el combustible del cuerpo para producir energía. Los carbohidratos más recomendados son los complejos (espinacas, judías, brócoli, calabacines, cereales integrales y legumbres como las lentejas, garbanzos o alubias). Estos azúcares, son en su mayoría ricos en fibra, vitaminas y minerales, y debido a su complejidad, tardan más tiempo para ser digeridos, por lo que no aumentan los niveles de azúcar en la sangre tan rápidamente como los carbohidratos simples (harina blanca, miel, mermelada, dulces, pasteles, galletas, chocolate, frutas y sus zumos, refrescos, leche, yogur y cereales envasados). De todos los carbonatos simples elige las frutas, son las más beneficiosas. Si tomas más hidratos de carbono de cualquier tipo de los que necesitas para tu uso inmediato, la parte no utilizada se almacena en el hígado o se convierte en grasa y se deposita en los tejidos para su uso futuro.

Uno de los alimentos que más nos gusta es el pan. Hace unos años gozábamos de panes de calidad estupenda por tener materia prima sin aditivos y conservantes. Hoy en día el pan es un alimento muy procesado y con cantidad de azúcar desmesurado. El pan entra en el grupo de carbohidratos simples que son asimilados con rapidez por el cuerpo.

Yo hoy suelo comer poco pan, para adelgazar se puede tomar unos 100gr al día. El pan que consumo es elaborado en casa con harinas integrales (espelta, centeno o trigo) y bajo la receta de buenos profesionales como mi amiga Iulia, una magnífica cocinera.

Os animo ha disfrutar de hacer vuestro propio pan. Compartir con la familia el amasado y la forma de dicho pan hace prosperar la colaboración hogareña. La casa se llena de aromas ancestrales, los de los pueblos de antaño, los de los abuelos. El olor a harina fermentada impregna cada rincón. Y es una delicia saborear dicho pan acompañado de buenos alimentos y nada mejor que con tus seres queridos.

Los bosques de Hermitage de Dunkeld

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Ossian’s Hall – The Hermitage, Dunkeld, Scotland

“El alma se tiñe del color de sus pensamientos. Piensa sólo en aquellas cosas que están en línea con tus principios y que puedan ver la luz del día. El contenido de tu carácter lo eliges tú. Día a día, lo que eliges, lo que piensas, y lo que haces, es en lo que te conviertes. Tu integridad es tu destino… es la luz que guía tu camino.”  Heráclito

 

Algunas personas creen que los desdenes te desvían del destino, yo pienso que me acercaron a él. Los pasos me extraviaron de sombras inciertas. Deserté de la casa de mi padre, jamás fue mi hogar desde que mi madre desapareció de nuestras vidas. Mi padre tenía sus planes y persiguió mis pasos. La ambición ciega las mentes que en su día fueron honestas, la avaricia y la madrastra por supuesto también. Un matrimonio concertado anexionaría parte de las tierras bajas a los terrenos de mi familia, las tierras de los Mcduff descendientes de la esposa de Macbeth. La ira y codicia se buscan y me negaba a formar parte de dicho destino. Me llamo Daracha y, como mi nombre, desciendo del roble. Aquí comienza mi historia o mi leyenda, lo que vosotros decidáis.

Tras varios días, disfrazada de mendigo recorriendo caminos, Daracha se adentró en los bosques de Hermitage. Las primeras noches fueron terribles entre sombras y extraños ruidos, rodeada de coníferas e inmensos abetos Douglas. Hasta que en el tercer día llegó a un tronco viejo labrado, una rama rota era la nariz, dos huecos sus ojos. Asemejaba un rostro arcaico, arrugado de esos llenos de sabiduría. Y sobre aquel tronco se desplomó y dejó que las lágrimas fluyeran descargando la opresión que sentía en el pecho desde que se marchó.

De pronto, el sonido de ramas quebrándose le alertó. Secó la cara con uno de los extremos de la capa y giró hacía de dónde venía el ruido. Una figura oscura armada con un arco, con túnica y capuz azul que encubría el rostro, la observaba. Y junto a él un gran lobo de pelo grisáceo de semblante oscuro.

Se inquietó y buscó hacia donde huir, inmóvil miraba al desconocido. Él se quitó la capucha y dejó al descubierto una larga cabellera ensortijada y oscura, un rostro marcado y enjuto, y una mirada limpia heredera de los mismos árboles que los rodeaban, intensa. Él puso la rodilla en tierra, su mano izquierda apoyada en un gran cayado, y bajó la cabeza. Pronuncio su nombre con su actitud sumisa, Ossián, se levantó y ofreció a Daracha su mano derecha. Todo cambió en un segundo, no hicieron falta palabras, el silencio y los gestos fueron suficientes para percibir la ayuda llegada desde Dios sabe dónde.

Caminaron durante mucho tiempo, cuando llegaron a un claro con unas rocas de donde brotaba una pequeña cascada y el sol alcanzaba el cenit pararon. Daracha se sentó en el suelo, sopló y se quitó una de sus calzas, masajeo su pie dolorido. Él recogió un poco de agua en un cuenco de madera de raíz que sacó de su saco, se lo ofreció a ella junto con un puñado de bellotas. Daracha bebió y él volvió a rellenar el cuenco, pero esta vez saca un saquete y lo vierte sobre el agua. El saco tenía avena. Ossián le ofrece una cuchara de palo y la anima a que mezclara el porridge con los higos. Ella comió con avidez llevaba varios días alimentándose poco.

Después de comer siguieron caminando. El silencio era su forma de comunicarse. Daracha sentía que conocía a Ossián hace mucho tiempo, estaba segura. Los bosques de Hermitage en pocas horas se convirtieron en un lugar abrigado. Cayó la tarde y él se detuvo frente a un antiguo edificio junto a la cascada Black Linn del Braan rodeada de flores entre rocas y piedras. Ossián le señaló el nombre de dicha cascada y al edificio le nombró como El Salón de los Espejos.

Daracha había oído hablar de aquel lugar, donde según las gentes de la comarca vivía un bardo con poderes mágicos que castigaba a todo aquel que osara quebrantar la paz de aquellos bosques. Ossián la invitó a entrar y ella se quedó admirada ante semejante espectáculo. La sala donde entraron estaba llena de espejos que hacia que la cascada de fuera se reflejara y daba la sensación de que el agua inundaba todos los ángulos, desafiando a la fuerza de la gravedad.

Una vez dentro, Ossián giró uno de los espejos donde se ocultaba una sala de piedra con una gran chimenea central. Él se despojó del capuz y la túnica, debajo llevaba unos pantalones incrustados en unas botas altas de piel y una camisa blanca de amplias mangas. Lobo, que así indicó que le llamaba, se tumbó en un lado. Él se recogió el pelo y lo ató con una cinta de cuero. Acto seguido acumuló unos leños en el centro de la chimenea y encendió el fuego.

Ossián invitó a sentarse a Daracha en unos taburetes de madera con dibujos celtas labrados. Se colocó y casi por primera vez Ossian oyó su delicada voz agradeciendo su gentileza hacia él. Y ella también casi por primera vez observo el semblante taciturno de su rostro.

Tras un gran rato, Ossian le ofreció un cuenco de sopa de cebada y nabos que había preparado en un puchero al fuego. El aroma invitaba a comer y Daracha no lo dudó ni un instante. Tras terminar, estaba agotada y miró alrededor donde diviso un solo catre de madera. Él extendió sobre el suelo un hatillo de piel y se dispuso a tumbarse. Le dijo a Daracha que descansara en el catre y que podía estar tranquila, allí jamás nadie la encontraría. Todas las leyendas de magia del lugar ahuyentaban hasta al más curioso o valiente. A veces las supersticiones eran muy útiles sobre todo para mantener a raya a indeseados.

Intercambiaron pocas palabras, habría tiempo de ocupar las horas nocturnas con las historias, leyendas y poemas de Ossián. Aquel día fue el comienzo de los acontecimientos que juntos iban a compartir, el bardo Ossian y la dulce Daracha. Esto es sólo el inicio y su presentación. Os iré narrando las muchas gestas que les acompañaran alrededor del bosque de Hermitage, en Dunkeld, Escocia.

Soy responsable de mis decepciones

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“El juego del ahorcado demuestra como diciendo palabras equivocadas podemos matar a alguien.”

Las emociones, dicen por ahí, que dependen de nosotros. Mi ánimo estaba triste y aceptando que jamás debes esperar que hagan los demás lo que tú estarías dispuesta a hacer. Mi decepción era solo consecuencia mía, puse demasiada fe, y la confianza me saltó a la cara como aceite hirviendo.

Tenía que recomponer mi optimismo, volver a creer. Uno nunca debe de apartar los valores que le llevan a hacer ciertas cosas. Se había producido un agujero en mi corazón ¿Cómo volver a creer en cierta persona, en las personas? Pensé que él iba a formar parte de mi manada.

Cada alma que camina por este planeta encierra en si un complejo edificio atestado de habitaciones. Sólo presionando el pomo de cada puerta y traspasando el umbral, vas averiguando cada uno de los intrincados laberintos que forman nuestro ser y jamás se llega a conocer todas las habitaciones, muchas de ellas secretas e infranqueables.

Tal vez necesitaba un mago, ese ser que protege y que conoce de antemano el porque ocurren muchos pasajes de nuestra existencia para explicarme hasta donde habíamos llegado. Estamos cansados de oír que todos nuestros fracasos son lecciones de vida. Por su puesto que había aprendido, pero me negaba a pensar que cierta parte de mi ingenuidad y bondad se habían perdido por una mala experiencia.

Hoy solo quería ser un estanque sereno, lleno de carpas doradas apaciblemente nadando en sus aguas. Un monje cartujo abandonado a la oración y a la vida contemplativa, auto-obligándome a la soledad de la celda y al silencio. O mejor un juglar  para tan solo divertir con canciones y bailes, con ruidos que no dejaran escuchar, bajo una máscara de melancolía.

Le lancé una cuerda pensando que al agarrarse a ella descubriría el buen camino y lograría llegar a la cumbre de la montaña, al éxito con ella. No hacemos lo que no queremos hacer, ponemos impedimentos. Ya se sabe que las cumbres a veces están cubiertas de nieve y hielo, las hacen inaccesibles.

Me gusta escuchar, oír a las personas, observar, descubrir sus necesidades. Y más cuando asoma la felicidad a los rostros. A aquellos que comienzan a sentir la gentileza del amor y la dulzura.

Aprendí la lección, no se puede enseñar a ser cálido y atento si no sale de uno mismo, sino se es así, por muchas pistas que des. Las personas no cambian en sus cimientos, o los aceptas como son o abandonas. La energía si no fluye, explota.

Le ofrecí mi hogar, a él y a los suyos. Él en momentos puntuales quiero pensar que se sintió como en casa. Aunque ya me espetó que si no estaba a gusto en su casa no lo iba a estar en la mía. No consintió que los suyos vinieran ni a tomar un café, se negó en rotundo. Y lo cierto es que los suyos vinieron a mi casa. Comparecieron con él para que se disculpara, por su falta de respeto y su obsesión que le había llevado a perder las formas. Al final conocieron mi hogar, pero sin ninguna de mis bondades.

Aprendí que no se puede guiar hacia la luz al que está ciego. El perro herido muerde al que trata de curarlo. Asimilé que no puedo acercarme, aunque me den pie para ello, a veces saltar al vacío es peligroso. No considero que haya perdido el tiempo, pues hacer desde el cariño nunca es vano, pero me ha dejado un sabor amargo mezclado con dulces sonrisas en el recuerdo. Quiero seguir creyendo en las personas y en el amor. La serenidad la da los años y no a todo el mundo y la vida es una puñetera rueda.

Hoy por hoy solo puedo decir un hasta siempre, que te vaya muy bien en la vida. Tal vez y solo tal vez, algún día entiendas y comprendas lo que es tender una mano generosa y puedan desaparecer tus dudas y tus miedos.

Épico

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Ilustración de Luis Royo

“Los tiempos primitivos son líricos, los tiempos antiguos son épicos, los tiempos modernos son dramáticos.”  Víctor Hugo

“Eres épico” me dijo, ni sabía lo que significaba, y fui al puesto de los helados. Pedí dos cucuruchos grandes con tres bolas, dos de chocolate y una de vainilla. Volví donde esperaba Miri en el banco sentada y le ofrecí uno de los cucuruchos. Nos reímos los dos mientras arrastrábamos con parsimonia la lengua por la fría crema helada.

  • A veces la felicidad es eso, sorprender a los que aprecias con un dulce. Ni más ni menos—la espeté sin dar importancia al asunto.

Y ella me choco el helado contra mi nariz, pringándome toda la cara. Se reía con inocencia, con ganas, como un bebe. Ella era una de las personas más inteligentes que conocía. Me puse serio y apreté los labios, pero me fue imposible enojarme y más con lo que me dijo.

  • No, la felicidad es tener a un ángel de la guarda, qué ignoro muy bien cómo lo hace, pero que aparece a través de una puerta invisible que se abre con una llave poderosa en el instante preciso. Cuando todos me rodeaban y se mofaban. Sé que este acoso hubiera continuado, pero creo que hoy ha sido el final. Ignoro qué les has dicho pero tus palabras, han sido como el relámpago que mata en medio de una gran tormenta. Todos han retrocedido ¿Qué les has susurrado que ni siquiera lo pude oír?
  • Solo les dije que soy una cobra egipcia mortal, de esas que siempre me das la chapa cuando me cuentas tus fábulas sobre Cleopatra. Esa que dices que renunció a la vida antes que aceptar la derrota de la civilización faraónica y jurar obediencia a Roma ¿Ves cómo te escucho cuando te exacerbas con tus historias de antiguas civilizaciones? Honor, héroes, lealtad, amor.
  • Si claro, y voy yo y me lo creo que fue esa tu amenaza. Tal vez también intervinieron tus casi dos metros de estatura y tus robustos brazos.
  • Mis brazos son las consecuencias de el ejercicio que hago mientras me das la brasa.
  • Pues seguiré siendo tu sombra, para eso soy tu apoyo en los estudios, para que culmines tu sueño deportivo.
  • Pues por eso soy tu héroe, por egoísmo, no quiero que nadie me interrumpa en mi escalada al éxito. Tú eres mi sacerdotisa, sin túnica solo con esos dedos llenos de añillos raros, esos ojos marcados de negro que se hacen en extremo rasgados y esos labios pintados de negro.

Y allí seguimos los dos hasta terminar el helado, charlando y riendo. Ella era, tras unos meses ayudándome con los estudios, mi amor secreto, la admiraba. Había decidido protegerla de todos los que se reían de ella y la increpaban. Ella era como un girasol en medio de una charca agrietada y seca, brillaba. Su voz me ondulaba el cerebro como el viento a las arenas del desierto. Y sus ojos eran mágicos penetrándome hasta tocar mi alma. Ella era mi princesa, aunque ni se me ocurría llamarla así pues era capaz de arrojarme a un estanque con pirañas. Hasta ahora no me había percatado de lo solo que había estado a pesar de estar siempre rodeado de los colegas y admiradoras enjabonándome las orejas.

  • Por cierto, Louis ¿Sabes algo de los pétalos de flores que cada día riegan mi puerta?
  • Tú sabes que yo no ando pendiente de esas mariconadas—poniéndome serio y haciéndome el duro—. Tendrás un amante secreto de esos que van cargados de libros como tú.

Había estado a punto de que me pillara y me pillaran deshojando las flores en la entrada de su habitación; las cogía cada día al amanecer cuando salía a correr. Tendría que aumentar más las precauciones hasta que llegara el momento en que me mereciera decirle la verdad. Hasta ahora solo había sido un troglodita necio, guaperas, perseguido por las niñas del instituto. Pero ella era lista, rara, con unos valores hasta ahora desconocidos para mí. Ella me estaba moldeando como al barro, me había hecho ver más allá de mis narices ¿Cómo me llamaba cuando me equivocaba? Eres un Golem, decía y luego con resignación me endosaba “ tendré que insuflarte vida en esa materia gris durmiente que tienes por cerebro”

¡No permitiría que nadie la volviera a hacer daño!