Refugiados

NEVADA EN EL CAMPAMENTO DE REFUGIADOS DE LESBOS

“Crece con disciplina. Balancea tu intuición con rigor. Innova alrededor del núcleo. No aceptes el status quo. Encuentra nuevas formas de ver. Nunca esperes la bala de plata. Ensucia tus manos. Escucha con empatía y comunica con transparencia”  Howard Schultz

Me enseñaron desde pequeña que de política y religión no se habla en público, y arrastro este aprendizaje como una mordaza. Soy poco dada a dar mi opinión, y menos en espacios sociales, sobre estos temas. Pero hay algo que me remueve las entrañas en estos días y más con las noticias de la ola de frío que se nos avecina. Yo aquí, leyendo bajo un techo protector y al abrigo del fuego;  y miles de refugiados viviendo en la calle y muriendo de congelación. Niños con lágrimas heladas, madres desesperadas e impotentes sin poder ofrecer una brizna de calor, padres abatidos incapaces de brindar una mínima protección.

¿Qué hago yo? Veo esas imagines en la televisión que me van inmunizando, incapaz de hacer algo. Tengo suerte de vivir en un país desarrollado que consiente que otros pasen hambre y frío mirando hacia otro lado. Soy infinitamente afortunada de no carecer de todo lo esencial para tener una buena calidad de vida mientras a otros semejantes les falta hasta el aire para respirar.

Qué clase de mandatarios tenemos que no se les retuercen las tripas al permitir estas atrocidades. Comenzando por la Iglesia y terminando con los altos dirigentes. Si nos planteáramos acoger una familia por cada una de las parroquias que existen en nuestro país estoy segura que casi terminábamos con esa lacra de los refugiados. Menos arreglar iglesias y más amparar almas.

Hemos olvidado el significado de la palabra empatía, nos deshumanizamos por instantes  mientras un bebé llora entre los brazos gélidos de una madre. Nuestros actos tendrán en algún momento consecuencias.  Y cierto día puede que nosotros mismos mendiguemos un ascua de fuego, un mendrugo de pan o el respeto por cada ser que existe a nuestro lado en este maravilloso planeta.

En fin, yo soy la primera que permanezco impasible ante las adversidades del prójimo, me avergüenzo de mi misma, lo digo alto para redimir mi pecado ¡Hipócrita! Y seguiré viendo esos retratos tercermundistas en nuestro continente esperando que pase el invierno. No estoy hablando de guerras, poder, política o terrorismos; de buenos o malos individuos.  Solo hablo bajito sobre “Personas” que somos, son o seremos.

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