VICTORIA, LA ESPÍA

Katharine Hepburn

Katharine Hepburn

“Pero ¿Qué podría hacer provechoso aquí, sin ninguna espía hermosa a la que hacer el amor?” Ian Fleming

Me llamo Victoria Figueroa y debo mi nombre a mi abuela con la que me une un vínculo poderoso. A veces siento como si fuera un apéndice de su existencia. Mi abuela murió hace unos años. Nunca he dejado de sentirla aunque echo de menos su presencia física, sus consejos y su enérgico carácter  para enfrentarse a los desafíos de la vida.

La madre de mi abuela se llamaba María y su padre Basilio, ambos de carácter aguerrido, educaron a su hija con las letras de la libertad y el honor. El bisabuelo tenía cierta cultura a pesar de la época en que nació. No supe nunca de dónde le vino aquel adiestramiento formativo pues procedía de una familia humilde.  Por el día trabajaba como barrenero en pozos de agua pero, en las horas que le quedaban, se afanaba porque no faltara comida en la mesa y  sus ideales, solía hacer propaganda republicana.

La abuela Victoria me hablaba mucho sobre ellos, ella nació en 1920. Basilio era diestro con las manos podía hacer desde juguetes de madera para sacar unas monedas,  hasta poner lazos para cazar conejos entre los olivares. Pero su mente aún era más hábil, de escritura pulcra y definida, podía agitar sentimientos con sus palabras de amor hacia María. Aún conservo alguno de sus cuadernos amarillos y cuarteados, un testimonio vivo de mi ancestro. María sentía fervor por Basilio; ella no sabía leer y escribir pero lo suplía con una lengua afilada y una astucia innata, además de una belleza insolente.  Mi abuela la describía como una morena de pelo ondulado y ojos verdes, de cuerpo ágil como un junco pero de curvas exuberantes; se contoneaba con el barreño de ropa en la cadera y con mi abuela de la otra mano. Respiraba frescura por cada centímetro de su piel.

La abuela Victoria fue una niña feliz. Un anciano maestro vivía en una de las dos habitaciones de su casa y, a cambio de alimento, le proporcionó una buena educación, tenía una mente avispada.  Pero todo cambio cuando tenía dieciséis años, a las puertas de la Guerra Civil en España, su padre fue encarcelado por escribir panfletos políticos, y condenado a diecisiete años de prisión. Su madre tuvo que ocultarse por la venganza de los nacionales. Victoria con ayuda del entorno de sus padres fue enviada a Francia para su protección.

En 1939 Victoria regresó a España y encontró a sus padres en una situación precaria; Basilio cayó enfermo de tuberculosis en los túneles para el ferrocarril de Miraflores de la Sierra realizados por los presos, le indultaron, le dejaron salir para morir. María estaba demacrada, parecía que le hubieran arrebatado todo su aliento, lavaba ropa para casas adineradas, de ella dependía el sostén de la familia. Su madre, ante aquella situación lamentable, le pidió a Victoria que se marchara a Madrid con unos familiares; allí conoció a un joven relacionado con el servicio diplomático francés. Franco prohibió la Embajada Francesa en aquellos años; el servicio secreto francés estaba instalado en la delegación inglesa y reclutó a Victoria. Buscaban a mujeres que no hubieran ejercido actividades políticas  ni militares durante la Guerra Civil Española y hablarán el idioma del país galo.

Victoria, durante un tiempo, viajaba a la frontera hispano- francesa trayendo y llevando documentación y dinero. En uno de aquellos viajes le encargaron introducir a Frank, perseguido por la Milicia francesa, un joven arquitecto inglés perteneciente al Consejo Nacional de resistencia durante la ocupación alemana de Francia. La red de apoyo para los que cruzaban la frontera era extensa desde sastres hasta falsificadores.  Ambos se enamoraron desde el primer instante en que cruzaron sus miradas. Durante unos meses continuando con sus tareas se amaron, eran encuentros esporádicos en pequeñas pensiones y hasta en sótanos de algún colaboracionista. Por encima de ellos siempre estuvieron sus ideales republicanos y rojos.

Pero Victoria fue descubierta por el Servicio de Información del Ejército Español y tuvo que abandonar con urgencia  de nuevo el país, afincándose en  Lyon. Frank y ella se separaron, una distancia dolorosa, sin apenas contacto, que aún los unió más. En su nueva ubicación y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial realizó trabajos de información. Siempre le acompañaba en sus pesquisas una pequeña arma de fuego en la liga y una pastilla de cianuro por si la capturaban.

Pero ahí no termino su ayuda, durante unos años pasó a buscar para juzgarlos a nazis y colaboracionistas de ellos, refugiados en España para devolverlos a Francia. Por aquel entonces volvió a reunirse con Frank que hasta el final del conflicto había permanecido en Londres trabajando para el Servicio Secreto Británico.

Ya en 1949 Frank y Victoria finalizaron sus trabajos y se asentaron definitivamente en España.  Estableciéndose en Toledo y se hicieron cargo de una antigua librería en el barrio judío de dicha ciudad. La librería pertenecía a un anciano amigo de María y Basilio que compartió con ellos ideales. María aún vivía y se  fue a vivir con su hija, en un acomodado piso sobre aquel emblemático comercio de libros. Pero las penurias de los años anteriores pronto pasaron factura y la abuela falleció meses después. No llegó a conocer a su nieta Dolores, mi madre.

(Este relato es ficción pero hay partes que están documentadas con la historia de Marina Vega De la Iglesia que fue espía. También tiene trazos autobiográficos sobre mi abuelo)

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5 comentarios en “VICTORIA, LA ESPÍA

  1. Hola, chiquilla: el relato está bien, pero algo “flojo” le falta acción, emoción, como una buena historia de espías. Tú puedes hacerlo mucho mejor, y lo sabes. Lo que me “choca” es lo de los “ideales masones”. Los republicanos españoles, (mal llamados rojos) eran eso: republicanos; gente dispuesta a defender un gobierno —de una república que salió elegida en las urnas por sufragio universal—, de un ejército que no admitió la legalidad y se levantó en armas provocando una guerra fratricida. Entre ellos, habría comunistas, socialistas, anarquistas y gente corriente que sólo quería un cambio político para un país dominado por una oligarquía de capitalistas, “nobleza” y señoritos latifundistas. Los ideales de esa gente eran, por supuesto, de izquierdas, que es simplemente, un deseo de cambiar lo establecido. De ahí al “Contubernio judeo-masónico comunista” que se inventó la dictadura (apoyada por la iglesia) va un abismo. Entre los masones, cohabitaban católicos, ateos, de izquierdas y de derechas, militares y civiles. El mismo Franco intentó dos veces (antes de la guerra) ingresar en una logia masónica y fue rechazado. Se dice que de ahí venía su profunda animadversión a los masones.
    La masonería existe en todo el mundo; símbolos masones están en los billetes del dólar estadounidense y se sabe que fueron masones personajes tan dispares como: Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Simón Bolívar y Abraham Lincoln. En España, está poco implantada (o muy oculta, por la persecución que se llevó a cabo contra ellos) pero hay países en los que ser masón, se incluye hasta en el currículo.
    Te quiero decir con esto, que, tanto la resistencia francesa contra los nazis, como la resistencia española contra Franco, dudo mucho que fueran masones. Alguno habría, claro, pero de ahí a relacionar la república con la masonería…
    Siento ser yo siempre la nota discordante, pero te aprecio bastante como para no dejar que transmitas ideas que opino son erróneas.
    Un abrazo, Lola.

    Le gusta a 1 persona

    • Hola amigo:
      Efectivamente le falta acción. Es un retazo de algo más amplio que estoy escribiendo. El colgar este relato ha sido un poco una prueba por así decirlo.
      Lo de masónico, te agradezco infinito tu puntualización. Como bien puedes leer al final, me documenté sobre la espía española María Vega de la Iglesia y en su biografía viene lo de que sus padres eran masónicos. Pero he de decir en mi contra que no tengo mucha idea sobre ese tema. Así pues, mejor quitarlo.
      Siempre me encanta lo que me dices, me ayuda y me da pistas. Nunca dejes de darme tu nota discordante. Yo también te aprecio
      Estoy contenta pues parece ser que voy corrigiendo fallos y ya sabes que a veces lo repaso hasta la saciedad y se me cuelan algunos.
      Espero que estés pasando un magnífico verano con esa preciosidad que tienes de de nieto.
      Un abrazo muy, muy fuerte.

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      • ¡Saludos Lola! Fíjate que andaba yo medio mustio porque creía que quizá mi comentario te habría molestado… ¡Craso error, que denota la falta de confianza que tengo en tu amistad! Lo siento; ya he visto que respondiste rápidamente. Al comentar aquí, no me di cuenta que NO recibo notificaciones en Google+. El caso, es que tampoco he recibido notificaciones de tus publicaciones posteriores, por eso te daba por enfadada… Y he venido a ver que era de tu vida.
        Bueno; gracias por ser como eres. El verano, horrible; así, como suena. Más de un mes tomando antibióticos y anti-inflamatorios por una infección dental, sin dormir por las noches (Y sin internet) durmiendo unas horas cuando el dolor me dejaba… me han sacado dos piezas y las raíces de otras dos que tenía endodonciadas (desvitalizadas) y que se habían roto. Me lo arreglaré para poder comer, aunque la factura tampoco me permita comer, en un caso por falta de muelas, y en el otro por falta de comida… já. Es un chiste.
        Mi nieto, más que guapo. Es lo único que me ha suavizado el verano.
        Un gran abrazo, aunque sea virtual y mantendremos el contacto.

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