EL SOLSTICIO DE VERANO

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“Amar es el más poderoso hechizo para ser amado.”   Baltasar Gracián

Me llamo Diego, siempre nos reunimos en la noche de San Juan para pasar una velada tranquila junto al fuego. Este año hemos alquilado una casa rural en la sierra de Madrid para el solsticio de verano.

Mario es mi amigo, sobrio, con mirada alegre y sonrisa casi imperceptible con la que seduce y domina. Le acompaña Rebeca, también amiga de la infancia y desde la infancia llevan los dos tonteando sin llegar nunca a nada;  como si no pudieran estar juntos y en cuanto se distancian,  se añoran y  buscan. Yo iré con Natalia, la hermana de Mario, y con Paloma, mi hija. Natalia mi gran confidente, la persona que siempre ha permanecido a mi lado en los peores momentos.

Paloma está un poco descolocada, lleva una temporada conmigo por discrepancias con su madre. Es  impertinente,  inquieta, curiosa en extremo, siempre haciendo alardes, pero cariñosa y de buen fondo.

Llega el día, subimos por un  angosto camino. La casa está rehabilitada respetando su forma original, todo parece antiguo y a su vez nuevo: el tejado de pizarra muy inclinado para la nieve del invierno, los muros de piedra, las ventanas pequeñas  en contraste con una puerta enorme de madera maciza oscura. Cuando traspasamos aquel robusto portón lo del interior nos sorprende aún más. La chimenea, en el centro de la estancia, con el fuego ya  encendido, y sobre los trébedes un puchero humeante, el aroma a café fuerte inunda el ambiente. Al fondo, subiendo dos altos escalones, hay cuatro puertas en línea y de la derecha sale un personaje de ojos bonachones y profundas arrugas, no demasiado mayor. Nos saluda con afecto, como si nos conociera de toda la vida, se llama Tomás.

Al rato todos estamos sentados alrededor del fuego. Tomás nos dice que sus hijos, para mantener la casa  y perpetuar su historia,  la han rehabilitado, resolviendo el problema de conservarla sin suponer ningún esfuerzo económico.

Nos cuenta que su padre fue maqui en la época franquista. En aquella casa pasaban largas temporadas el grupo de resistentes al que pertenecía; su madre subía en borriquilla estando embarazada de él una vez al mes, para llevar víveres y poder ver un poco a su añorado marido, al que amaba y del que se sentía orgullosa. Tras un buen rato contándonos aquellos recuerdos, se despide:

– Pasen una noche inolvidable y que el espíritu de lucha, fraternidad y amor os domine por siempre.

Durante todo el tiempo que Tomás nos ha acompañado Paloma resulto exasperante. No dejaba de preguntar y todo lo tiene que rematar con alguna frase propia para reseñar que ella también es experta en el tema.

A las doce y media de la noche, tras una suculenta cena de patatas y chuletas asadas al calor de las llamas,  cumplimos con nuestro particular ritual. Hemos quemado el papel con todo lo negativo acontecido a lo largo del año; en otro papel escribimos los mejores deseos para el año venidero.  Salimos afuera a colocar un cuenco de agua con hierbas aromáticas a la luz de la luna y también a por más leña, la noche es fría; jamás había visto un cielo tan estrellado y una luna tan inmensa, creo que es la mejor noche de San Juan que hemos vivido y mira que llevamos unas cuantas.

Dentro suena un fuerte golpe, pasamos todos deprisa a ver que ha ocurrido. ¡Cómo no! A Paloma se le ha caído el puchero de barro con el que Tomás nos había hecho el café; la baldosa sobre la que ha caído está hecha añicos. La escrutamos con enfado pero ella sorprendida nos ignora, mira fija a los trozos del puchero y la baldosa. Se agacha y retira con premura todos los pedazos,  saca una caja de madera vieja del hueco de la loseta.

Abre la caja, dentro hay un  amarillento papel doblado con esmero, lo saca y bajo él deja al descubierto un pequeño revolver. Paloma lo toma en sus manos y me pasa  la caja con el papel como si aquello careciera de importancia. Es la primera en abrir su bocaza y dejarnos atónitos.

-¿Habéis visto esto? Es una Smith & Wesson calibre .32” Hammer Less  cromada con  cachas endurecidas de caucho, el percutor está oculto como medida de seguridad para poderle llevar en el bolsillo. Solo lleva cinco alojamientos en el tambor para cinco disparos. Tiene un resorte en la empuñadura para dispararla sólo cuando la agarras. Es un ejemplar por el que un coleccionista pagaría una buena cantidad.

-¿Cómo sabes tanto de revólveres?—Pregunta Mario que no entiende como aquella mocosa domina un tema del que debería ignorar todo.

-Siempre me han gustado las armas, de pequeña ´mama me  regañaba por estar constantemente jugando con las de plástico del vecino; algún día, cuando pueda tendré una. Mi padre nunca me ha querido licenciar para tiro olímpico. Eso no quita que lea todo lo que cae en mis manos sobre ellas.

Desdoblo el papel para disipar el enfado y aturdimiento que nos ha provocado Paloma.  Dicho papel encierra un breve párrafo escrito con una letra perfecta, de un estilo muy depurado:

“Te dejo compañera de soledad y penurias; has sido fiel amiga alejando y eliminando a aquellos que no me querían bien. Ahora ya no puedo llevarte, pesas demasiado; además, de nada sirve ya tu protección,  no quiero que nadie salga perjudicado.  Nublas las mentes del que te tiene y las llenas de supremacía y perversión, haces al hombre Dios con el poder de la vida en tus manos.  Aquí quedas en este lugar donde  hemos compartido tantos momentos, espiando tu culpa que también es la mía. 

Intentaré llegar a casa y despedirme de María,  creo que el destino me niega conocer a  mi hijo, sé que será un chico; Sólo decir que te quiero como a tu madre, aunque no llegue a conocerte. Esté donde esté, siempre permaneceré a vuestro lado, protegiéndoos.  Habéis sido el respaldo de mi lucha y existencia.

Damián a 24 de junio  de 1943- San Juan”

Noche mágica; el párrafo nos unía, con una diferencia de 65 años. Aquel hombre había expuesto sus deseos de volver a casa, despedirse y dejar el horror tras él.

Por la mañana le contamos todo a Tomás. Al ver aquellos objetos y leer la carta un brillo vivo inunda sus ojos  húmedos. Damián fue su padre, jefe del grupo de resistencia, entonces llamados maquis, tiroteado y abatido cuando regresaba a su casa. Se sentía  orgulloso de él y lo demuestra con énfasis al narrar la historia. Aquel papel aun más confirma ese sentimiento de dignidad hacía su padre que su madre le inculcó.

Volveremos, en plena sierra madrileña, al refugio de Damián, confundiéndonos con ancestros y  conjuros, en el próximo solsticio de verano.

24 del Julio del 2015

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