El Principito de Antoine De Saint-Exupéry

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“Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digiere un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas mayores pudieran comprender. Siempre estas personas tienen necesidad de explicaciones”

El principito, es una novela corta considerada como un libro infantil por la forma en la que está escrito pero en el que en realidad se tratan temas profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida. Fue publicada en 1943. A los mayores nos hace recordar la visión del mundo desde nuestra infancia y incluye críticas sociales hacia como ven con extrañeza algunas cosas los adultos.

Es obvio que el piloto es el personaje basado en el escritor. La Rosa está inspirada en su esposa Consuelo. Los Baobabs simbolizan al nazismo.  Conocerá al zorro, quien le revelará la importancia de la amistad y el valor del amor que siente hacia su flor. Será la nostalgia por ella, y la decepción que le causa el mundo de los adultos, lo que motivará al principito a regresar a su planeta. La impresión de la muerte del hermano de Antoine De Saint-Exupéryde 15 años por fiebre reumática se refleja al final del libro.

Este autor nacido en Lyon en 1900 es un escritor y aviador francés. Fue aficionado a la mecánica y a la aviación desde muy niño, lo que se refleja en sus libros. El Principito es un cuento poético con ilustraciones a acuarela por el mismo Saint-Exupéry.​ En él, un piloto se encuentra perdido en el desierto del Sahara después de que su avión sufre una avería, allí  conoce a un pequeño príncipe proveniente de otro planeta.

Durante la segunda guerra mundial luchó como aviador en misiones de alto riesgo, y al caer Francia emigro a Nueva York. A partir de 1943 pedirá incorporarse a las fuerzas francesas en África del Norte. En el trascurso de una misión, el 31 de Julio de 1944 su avión desaparecerá en el mediterráneo.

El Principito es una buena historia, en el que yo destacaría tres cosas importantes. Primero habla de las cosas que se echan de menos, las que hemos tenido, o  que vemos todos los días y no las damos importancia. Esto se ve porque el relato empieza viajando de un planeta a otro, y según va transcurriendo la historia echa de menos su propio planeta, lo que posee y ama de él. Después hay una reflexión sobre como un niño ve lo importante del mundo y los mayores nos centramos en cosas que no son muy significativas en la vida. Y, por último, la gente que siempre tenemos ahí y queremos. Como el propio libro dice “hay que ver con el corazón porque no se puede ver con la vista”. Lo mostrará como algo que deja en su planeta y añora, y al final cuando vuelve a su planeta desde la Tierra, los amigos que deja en nuestro mundo, también los echará de menos.

Mi opinión sobre El Principito es que me uno a todas esas personas que lo recomiendan. Es un gran cuento para leer a los niños antes de irse a dormir, para que nuestros hijos se aficionen a la lectura. También para los adultos, es un cuento muy entretenido, nos abre la visión sobre lo que tenemos cerca y no nos damos cuenta, toda esa gente que nos importa y no lo percibimos. Nos anima a que nos dediquemos con esfuerzo, por muy mal que se nos dé, a lo que de verdad nos apasiona. El capítulo que a mí más me ha encantado es cuando el Principito llega a la tierra y se encuentra al zorro, lo domestica, y por ello el zorro se convierte en único, siempre se recordarán y serán amigos los dos.

Disfrutad de la lectura de El Principito, estupendo para pasar una tarde genial.

Podéis dejar vuestras opiniones para ir mejorando este blog de lectura y descubrir otros aspectos de dicha obra.

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El Pan De Mi Hogar

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“La vida Silvestre no es un lujo sino una necesidad del espíritu humano, y es vital para nuestras vidas como el agua y el buen pan.”  Edward Abbey 

Si hace un año me hubieran preguntado cómo era mi alimentación hubiera contestado, sin conciencia, que era sana. Hoy puedo asegurar que no era saludable y comía en exceso. He aprendido a controlar la cantidad de energía que mi cuerpo necesita y sé que si me paso de las consabidas calorías, ese demasía se transformará en kilos y grasa.

Los carbohidratos se dividen en simples y complejos. Son azucares, macronutrientes necesarios para el organismo y para tener una dieta equilibrada. Además, desempeña un papel vital en la digestión, la asimilación –metabolismo– y la oxidación de proteínas y grasas. Actúan como el combustible del cuerpo para producir energía. Los carbohidratos más recomendados son los complejos (espinacas, judías, brócoli, calabacines, cereales integrales y legumbres como las lentejas, garbanzos o alubias). Estos azúcares, son en su mayoría ricos en fibra, vitaminas y minerales, y debido a su complejidad, tardan más tiempo para ser digeridos, por lo que no aumentan los niveles de azúcar en la sangre tan rápidamente como los carbohidratos simples (harina blanca, miel, mermelada, dulces, pasteles, galletas, chocolate, frutas y sus zumos, refrescos, leche, yogur y cereales envasados). De todos los carbonatos simples elige las frutas, son las más beneficiosas. Si tomas más hidratos de carbono de cualquier tipo de los que necesitas para tu uso inmediato, la parte no utilizada se almacena en el hígado o se convierte en grasa y se deposita en los tejidos para su uso futuro.

Uno de los alimentos que más nos gusta es el pan. Hace unos años gozábamos de panes de calidad estupenda por tener materia prima sin aditivos y conservantes. Hoy en día el pan es un alimento muy procesado y con cantidad de azúcar desmesurado. El pan entra en el grupo de carbohidratos simples que son asimilados con rapidez por el cuerpo.

Yo hoy suelo comer poco pan, para adelgazar se puede tomar unos 100gr al día. El pan que consumo es elaborado en casa con harinas integrales (espelta, centeno o trigo) y bajo la receta de buenos profesionales como mi amiga Iulia, una magnífica cocinera.

Os animo ha disfrutar de hacer vuestro propio pan. Compartir con la familia el amasado y la forma de dicho pan hace prosperar la colaboración hogareña. La casa se llena de aromas ancestrales, los de los pueblos de antaño, los de los abuelos. El olor a harina fermentada impregna cada rincón. Y es una delicia saborear dicho pan acompañado de buenos alimentos y nada mejor que con tus seres queridos.

Los bosques de Hermitage de Dunkeld

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Ossian’s Hall – The Hermitage, Dunkeld, Scotland

“El alma se tiñe del color de sus pensamientos. Piensa sólo en aquellas cosas que están en línea con tus principios y que puedan ver la luz del día. El contenido de tu carácter lo eliges tú. Día a día, lo que eliges, lo que piensas, y lo que haces, es en lo que te conviertes. Tu integridad es tu destino… es la luz que guía tu camino.”  Heráclito

 

Algunas personas creen que los desdenes te desvían del destino, yo pienso que me acercaron a él. Los pasos me extraviaron de sombras inciertas. Deserté de la casa de mi padre, jamás fue mi hogar desde que mi madre desapareció de nuestras vidas. Mi padre tenía sus planes y persiguió mis pasos. La ambición ciega las mentes que en su día fueron honestas, la avaricia y la madrastra por supuesto también. Un matrimonio concertado anexionaría parte de las tierras bajas a los terrenos de mi familia, las tierras de los Mcduff descendientes de la esposa de Macbeth. La ira y codicia se buscan y me negaba a formar parte de dicho destino. Me llamo Daracha y, como mi nombre, desciendo del roble. Aquí comienza mi historia o mi leyenda, lo que vosotros decidáis.

Tras varios días, disfrazada de mendigo recorriendo caminos, Daracha se adentró en los bosques de Hermitage. Las primeras noches fueron terribles entre sombras y extraños ruidos, rodeada de coníferas e inmensos abetos Douglas. Hasta que en el tercer día llegó a un tronco viejo labrado, una rama rota era la nariz, dos huecos sus ojos. Asemejaba un rostro arcaico, arrugado de esos llenos de sabiduría. Y sobre aquel tronco se desplomó y dejó que las lágrimas fluyeran descargando la opresión que sentía en el pecho desde que se marchó.

De pronto, el sonido de ramas quebrándose le alertó. Secó la cara con uno de los extremos de la capa y giró hacía de dónde venía el ruido. Una figura oscura armada con un arco, con túnica y capuz azul que encubría el rostro, la observaba. Y junto a él un gran lobo de pelo grisáceo de semblante oscuro.

Se inquietó y buscó hacia donde huir, inmóvil miraba al desconocido. Él se quitó la capucha y dejó al descubierto una larga cabellera ensortijada y oscura, un rostro marcado y enjuto, y una mirada limpia heredera de los mismos árboles que los rodeaban, intensa. Él puso la rodilla en tierra, su mano izquierda apoyada en un gran cayado, y bajó la cabeza. Pronuncio su nombre con su actitud sumisa, Ossián, se levantó y ofreció a Daracha su mano derecha. Todo cambió en un segundo, no hicieron falta palabras, el silencio y los gestos fueron suficientes para percibir la ayuda llegada desde Dios sabe dónde.

Caminaron durante mucho tiempo, cuando llegaron a un claro con unas rocas de donde brotaba una pequeña cascada y el sol alcanzaba el cenit pararon. Daracha se sentó en el suelo, sopló y se quitó una de sus calzas, masajeo su pie dolorido. Él recogió un poco de agua en un cuenco de madera de raíz que sacó de su saco, se lo ofreció a ella junto con un puñado de bellotas. Daracha bebió y él volvió a rellenar el cuenco, pero esta vez saca un saquete y lo vierte sobre el agua. El saco tenía avena. Ossián le ofrece una cuchara de palo y la anima a que mezclara el porridge con los higos. Ella comió con avidez llevaba varios días alimentándose poco.

Después de comer siguieron caminando. El silencio era su forma de comunicarse. Daracha sentía que conocía a Ossián hace mucho tiempo, estaba segura. Los bosques de Hermitage en pocas horas se convirtieron en un lugar abrigado. Cayó la tarde y él se detuvo frente a un antiguo edificio junto a la cascada Black Linn del Braan rodeada de flores entre rocas y piedras. Ossián le señaló el nombre de dicha cascada y al edificio le nombró como El Salón de los Espejos.

Daracha había oído hablar de aquel lugar, donde según las gentes de la comarca vivía un bardo con poderes mágicos que castigaba a todo aquel que osara quebrantar la paz de aquellos bosques. Ossián la invitó a entrar y ella se quedó admirada ante semejante espectáculo. La sala donde entraron estaba llena de espejos que hacia que la cascada de fuera se reflejara y daba la sensación de que el agua inundaba todos los ángulos, desafiando a la fuerza de la gravedad.

Una vez dentro, Ossián giró uno de los espejos donde se ocultaba una sala de piedra con una gran chimenea central. Él se despojó del capuz y la túnica, debajo llevaba unos pantalones incrustados en unas botas altas de piel y una camisa blanca de amplias mangas. Lobo, que así indicó que le llamaba, se tumbó en un lado. Él se recogió el pelo y lo ató con una cinta de cuero. Acto seguido acumuló unos leños en el centro de la chimenea y encendió el fuego.

Ossián invitó a sentarse a Daracha en unos taburetes de madera con dibujos celtas labrados. Se colocó y casi por primera vez Ossian oyó su delicada voz agradeciendo su gentileza hacia él. Y ella también casi por primera vez observo el semblante taciturno de su rostro.

Tras un gran rato, Ossian le ofreció un cuenco de sopa de cebada y nabos que había preparado en un puchero al fuego. El aroma invitaba a comer y Daracha no lo dudó ni un instante. Tras terminar, estaba agotada y miró alrededor donde diviso un solo catre de madera. Él extendió sobre el suelo un hatillo de piel y se dispuso a tumbarse. Le dijo a Daracha que descansara en el catre y que podía estar tranquila, allí jamás nadie la encontraría. Todas las leyendas de magia del lugar ahuyentaban hasta al más curioso o valiente. A veces las supersticiones eran muy útiles sobre todo para mantener a raya a indeseados.

Intercambiaron pocas palabras, habría tiempo de ocupar las horas nocturnas con las historias, leyendas y poemas de Ossián. Aquel día fue el comienzo de los acontecimientos que juntos iban a compartir, el bardo Ossian y la dulce Daracha. Esto es sólo el inicio y su presentación. Os iré narrando las muchas gestas que les acompañaran alrededor del bosque de Hermitage, en Dunkeld, Escocia.

Soy responsable de mis decepciones

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“El juego del ahorcado demuestra como diciendo palabras equivocadas podemos matar a alguien.”

Las emociones, dicen por ahí, que dependen de nosotros. Mi ánimo estaba triste y aceptando que jamás debes esperar que hagan los demás lo que tú estarías dispuesta a hacer. Mi decepción era solo consecuencia mía, puse demasiada fe, y la confianza me saltó a la cara como aceite hirviendo.

Tenía que recomponer mi optimismo, volver a creer. Uno nunca debe de apartar los valores que le llevan a hacer ciertas cosas. Se había producido un agujero en mi corazón ¿Cómo volver a creer en cierta persona, en las personas? Pensé que él iba a formar parte de mi manada.

Cada alma que camina por este planeta encierra en si un complejo edificio atestado de habitaciones. Sólo presionando el pomo de cada puerta y traspasando el umbral, vas averiguando cada uno de los intrincados laberintos que forman nuestro ser y jamás se llega a conocer todas las habitaciones, muchas de ellas secretas e infranqueables.

Tal vez necesitaba un mago, ese ser que protege y que conoce de antemano el porque ocurren muchos pasajes de nuestra existencia para explicarme hasta donde habíamos llegado. Estamos cansados de oír que todos nuestros fracasos son lecciones de vida. Por su puesto que había aprendido, pero me negaba a pensar que cierta parte de mi ingenuidad y bondad se habían perdido por una mala experiencia.

Hoy solo quería ser un estanque sereno, lleno de carpas doradas apaciblemente nadando en sus aguas. Un monje cartujo abandonado a la oración y a la vida contemplativa, auto-obligándome a la soledad de la celda y al silencio. O mejor un juglar  para tan solo divertir con canciones y bailes, con ruidos que no dejaran escuchar, bajo una máscara de melancolía.

Le lancé una cuerda pensando que al agarrarse a ella descubriría el buen camino y lograría llegar a la cumbre de la montaña, al éxito con ella. No hacemos lo que no queremos hacer, ponemos impedimentos. Ya se sabe que las cumbres a veces están cubiertas de nieve y hielo, las hacen inaccesibles.

Me gusta escuchar, oír a las personas, observar, descubrir sus necesidades. Y más cuando asoma la felicidad a los rostros. A aquellos que comienzan a sentir la gentileza del amor y la dulzura.

Aprendí la lección, no se puede enseñar a ser cálido y atento si no sale de uno mismo, sino se es así, por muchas pistas que des. Las personas no cambian en sus cimientos, o los aceptas como son o abandonas. La energía si no fluye, explota.

Le ofrecí mi hogar, a él y a los suyos. Él en momentos puntuales quiero pensar que se sintió como en casa. Aunque ya me espetó que si no estaba a gusto en su casa no lo iba a estar en la mía. No consintió que los suyos vinieran ni a tomar un café, se negó en rotundo. Y lo cierto es que los suyos vinieron a mi casa. Comparecieron con él para que se disculpara, por su falta de respeto y su obsesión que le había llevado a perder las formas. Al final conocieron mi hogar, pero sin ninguna de mis bondades.

Aprendí que no se puede guiar hacia la luz al que está ciego. El perro herido muerde al que trata de curarlo. Asimilé que no puedo acercarme, aunque me den pie para ello, a veces saltar al vacío es peligroso. No considero que haya perdido el tiempo, pues hacer desde el cariño nunca es vano, pero me ha dejado un sabor amargo mezclado con dulces sonrisas en el recuerdo. Quiero seguir creyendo en las personas y en el amor. La serenidad la da los años y no a todo el mundo y la vida es una puñetera rueda.

Hoy por hoy solo puedo decir un hasta siempre, que te vaya muy bien en la vida. Tal vez y solo tal vez, algún día entiendas y comprendas lo que es tender una mano generosa y puedan desaparecer tus dudas y tus miedos.

Épico

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Ilustración de Luis Royo

“Los tiempos primitivos son líricos, los tiempos antiguos son épicos, los tiempos modernos son dramáticos.”  Víctor Hugo

“Eres épico” me dijo, ni sabía lo que significaba, y fui al puesto de los helados. Pedí dos cucuruchos grandes con tres bolas, dos de chocolate y una de vainilla. Volví donde esperaba Miri en el banco sentada y le ofrecí uno de los cucuruchos. Nos reímos los dos mientras arrastrábamos con parsimonia la lengua por la fría crema helada.

  • A veces la felicidad es eso, sorprender a los que aprecias con un dulce. Ni más ni menos—la espeté sin dar importancia al asunto.

Y ella me choco el helado contra mi nariz, pringándome toda la cara. Se reía con inocencia, con ganas, como un bebe. Ella era una de las personas más inteligentes que conocía. Me puse serio y apreté los labios, pero me fue imposible enojarme y más con lo que me dijo.

  • No, la felicidad es tener a un ángel de la guarda, qué ignoro muy bien cómo lo hace, pero que aparece a través de una puerta invisible que se abre con una llave poderosa en el instante preciso. Cuando todos me rodeaban y se mofaban. Sé que este acoso hubiera continuado, pero creo que hoy ha sido el final. Ignoro qué les has dicho pero tus palabras, han sido como el relámpago que mata en medio de una gran tormenta. Todos han retrocedido ¿Qué les has susurrado que ni siquiera lo pude oír?
  • Solo les dije que soy una cobra egipcia mortal, de esas que siempre me das la chapa cuando me cuentas tus fábulas sobre Cleopatra. Esa que dices que renunció a la vida antes que aceptar la derrota de la civilización faraónica y jurar obediencia a Roma ¿Ves cómo te escucho cuando te exacerbas con tus historias de antiguas civilizaciones? Honor, héroes, lealtad, amor.
  • Si claro, y voy yo y me lo creo que fue esa tu amenaza. Tal vez también intervinieron tus casi dos metros de estatura y tus robustos brazos.
  • Mis brazos son las consecuencias de el ejercicio que hago mientras me das la brasa.
  • Pues seguiré siendo tu sombra, para eso soy tu apoyo en los estudios, para que culmines tu sueño deportivo.
  • Pues por eso soy tu héroe, por egoísmo, no quiero que nadie me interrumpa en mi escalada al éxito. Tú eres mi sacerdotisa, sin túnica solo con esos dedos llenos de añillos raros, esos ojos marcados de negro que se hacen en extremo rasgados y esos labios pintados de negro.

Y allí seguimos los dos hasta terminar el helado, charlando y riendo. Ella era, tras unos meses ayudándome con los estudios, mi amor secreto, la admiraba. Había decidido protegerla de todos los que se reían de ella y la increpaban. Ella era como un girasol en medio de una charca agrietada y seca, brillaba. Su voz me ondulaba el cerebro como el viento a las arenas del desierto. Y sus ojos eran mágicos penetrándome hasta tocar mi alma. Ella era mi princesa, aunque ni se me ocurría llamarla así pues era capaz de arrojarme a un estanque con pirañas. Hasta ahora no me había percatado de lo solo que había estado a pesar de estar siempre rodeado de los colegas y admiradoras enjabonándome las orejas.

  • Por cierto, Louis ¿Sabes algo de los pétalos de flores que cada día riegan mi puerta?
  • Tú sabes que yo no ando pendiente de esas mariconadas—poniéndome serio y haciéndome el duro—. Tendrás un amante secreto de esos que van cargados de libros como tú.

Había estado a punto de que me pillara y me pillaran deshojando las flores en la entrada de su habitación; las cogía cada día al amanecer cuando salía a correr. Tendría que aumentar más las precauciones hasta que llegara el momento en que me mereciera decirle la verdad. Hasta ahora solo había sido un troglodita necio, guaperas, perseguido por las niñas del instituto. Pero ella era lista, rara, con unos valores hasta ahora desconocidos para mí. Ella me estaba moldeando como al barro, me había hecho ver más allá de mis narices ¿Cómo me llamaba cuando me equivocaba? Eres un Golem, decía y luego con resignación me endosaba “ tendré que insuflarte vida en esa materia gris durmiente que tienes por cerebro”

¡No permitiría que nadie la volviera a hacer daño!

 

Frecuencias

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“El amor es un paso. El adiós es otro… y ambos deben ser firmes, nada es para siempre en la vida” Chavela Vargas

A veces la vida nos mensajea. Si estás alerta puedes percibir el aviso, el recado, la frecuencia de alerta o peligro. Fue como me paré frente a un escaparate, distraída con el móvil con más whasapps irreverentes. Cuando levanté la cabeza un escalofrío recorrió mi cuerpo. Un ataúd color pino se mostraba desafiante frente a mis ojos. Cerré los dedos de mi mano derecha salvo el índice y el meñique y me di dos toques en la cabeza, salí despavorida. Sí, mis sentimientos estaban muertos, acabados, había llegado el momento de enterrarlos.

No sé el tiempo que estuve andando, pero cuando me di cuenta me encontraba en los campos llamados de La Espada, a las afueras de la ciudad. Se decía que allí tuvo lugar el último duelo del siglo XX ¡Vete tú a saber! Mi último duelo, me tumbé sobre la grama, apagué el móvil y contemplé caer la tarde con el corazón henchido. En aquellos días de febrero había sentido la injusticia en mis carnes, y con toda mi paciencia aguanté estoicamente hasta reventar. Tenía que evaluar la situación.

Había intentado ser una dama, pero él se aprovechó de mi vulnerabilidad como tal. Y así fue como recogí el guante de la provocación, y la noche anterior solté por mi boca todo lo que me había callado durante meses. Fue como sentir que una lluvia limpiaba mis pensamientos que me estaban envenenando. Me liberé de toda emoción, comprendí que nuestra relación e intentos solo habían sido una lenta agonía hasta llegar a ese ataúd del escaparate.

Y como dicen las abuelas “hija donde se cierra una puerta, se abren una ventana”. La comunicación estaba rota, solo escuchábamos para contestar, no para entendernos. Me levanté ya con las estrellas sobre el firmamento. Me sacudí mi abrigo, estaba helada y regresé a casa.

Salí al jardín de la parte de atrás y me acerqué al álamo cuyas raíces asomaban por todas partes. Removí la tierra entre dos de sus raíces e hice un pequeño fuego con sus cartas, con todas sus vanas palabras. Toda nuestra historia de amor había sido niebla, falsas ilusiones que nos envolvieron.

Ya en mi habitación seguí necesitando el fuego y encendí unas velas. Cogí la botella de agua y me llené una gran copa que reposaba en la mesilla, estaba exhausta y sedienta. Una risa loca inundó mis entrañas y comencé a graznar como un pato. Se acabó la introspección, dejé volar mis ansias y mis miedos. Acepté sin reservas que todo había acabado. Y brindé con aquella copa de agua y volví a coger impulso para seguir graznando. El viento dejo entrar por mi ventana unas hojas del álamo, la naturaleza me acompañaba en mi circo.

La llave de mi puerta giró y pensé que la serpiente de Raúl entraría a volver a llenarme de dudas. Pero tras la puerta encontré una revelación, un ángel. La oruga se había transformado en mariposa, allí estaba Vicente, mi leal escudero, al que nunca miré con otros ojos que no fueran los de la amistad. Riendo me dijo:

  • ¿Quieres una túnica para seguir perpetrando tu ritual? Loca, que estás loca. Se te oye de saltar y graznar hasta en el océano.

Me cogió la mano y poso sobre ella una gran dalia rosa.

  • ¿Y esto?
  • Se la robé a la señora Tina. Pensé que como este año no vas a tener regalo de San Valentín era buena ocasión para regalarte yo esta humilde flor— con los ojos semicerrados, como para lanzar una flecha— en señal de nuestros muchos años de amistad. La dalia rosa significa que te intentare hacer feliz siempre ¡Qué cursi!

Nos volvimos a reír a carcajadas. Y así se cerró el círculo, lo vi con claridad. Aquella tarde, enterré mi historia de desamor, liberé mis incertidumbres y la ocasión surgió sin que la buscara. Sus ojos, esos ojos de un verde aguacate extraño y salvaje hicieron brotar nuevas expectativas.

  • También te he traído un trozo de pastel de chocolate.

Hice un ademan con la mano para que pasara. Compartimos aquel exquisito dulce como tantas veces, en el alfeizar de la ventana. Comenzó a llover y el ambiente se respiraba fresco y limpio ¡Señales!

INDIGNACIÓN

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“Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras” William Shakespeare

En mi humilde opinión, creo que un buen profesional siempre tiene que tener un lado humano, en cualquier campo donde aplique sus conocimientos. Pero desde luego un médico y de cabecera debe ser impecable ante sus pacientes. Yo siempre disculpé el mal humor de mi médico pues le consideré un buen profesional. Disculpé sus malos día con salas de espera llenas de personas enfermas. Disculpé su escasez en tratamientos por culpa de la crisis. Disculpé sus agobios por falta de personal.

En cierto modo, admiraba a mi médico pues mi hijo fue atendido con rapidez y urgencia gracias a sus recomendaciones, ante una enfermedad grave que él presintió.

Pero lo que no puedo procesar es la falta de respeto. Qué se me trate como paciente “coñazo”, palabras textuales, por tener que incluir, con un teclado en el ordenador, una frase en un diagnóstico médico que eran muy importante.

Solo puedo contestar que el que hizo mal su trabajo fue usted, doctor. El diagnóstico médico lo necesité para un tema burocrático de suma importancia. Mi informe médico es mío y no debería haberse negado a dármelo, también es deleznable. Que la falta de uno de mis datos físico, usted lo puede dar por sentado porque es el trabajo de usted. Un juez, un abogado o un fontanero no tiene por qué saber los impedimentos físicos contra los que luchamos cada día una persona con diversidad funcional.

En fin, que usted con una sola palabra cayó en las profundidades del descrédito. Como dice un proverbio árabe “Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio: no lo digas”